¿Qué madre es mejor?

BREVES
Bárbara Gimeno

Todavía no he sido madre (y espero que aún me queden unos años, cosa que espera mi pareja también), pero quiero serlo algún día. Es un tema que me transmite tanta ternura, tanta felicidad que cuando me dicen que hay mujeres que no quieren serlo o que, una vez lo han sido, pasan unos meses terribles, me parece difícil de creer. Hace poco, caminando por la planta infantil de Primark, me entró la vena maternal –entre zapatillas tamaño bebé y vestidos de mamá Noel talla 4-  y le empecé a dar vueltas al tema. La depresión posparto se llama. ¿Cómo funciona? ¿Podría, a pesar de mis tremendas ganas de ser madre, afectarme cuando me toque?

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Prohibido pensar en las aulas

BREVES
Lucía Hernández

Entre pesados libros de Anaya, interminables clases soñando con el bocadillo del recreo y exámenes con más trampas que presuntamente la declaración de la renta de Jorge Mendes, ha nacido un nuevo tabú: el de pensar. A jugar con la pelota en el aula o copiarse de los deberes del compañero se suma, de esta forma, una nueva prohibición, que llega con la ley educativa que se cierne sobre las cabezas pensantes de esos adultos potenciales que algún día serán como usted y como yo.  Desde su atalaya de cartón, los políticos -da igual el partido- han acordado castigar, como se castigó a la Música y a la Plástica en su día, a la Filosofía, cuyo estatus han relegado en segundo de bachillerato a la categoría de materia optativa.

La menopausia: el camino a la locura

HISTORIAS
Lucía Hernández

Cuando Menchu –nombre ficticio- cumplió cincuenta y dos años, se dio cuenta de que entre la vida y ella se elevaba un muro infranqueable: la vejez. De la noche a la mañana, su cuerpo -como el de tantas otras- empezó a cambiar, y se fue convirtiendo en una ajada sombra de lo que tiempo atrás había sido. Sin previo aviso, la menstruación se despidió de ella, los pechos precipitaron su inexorable caída y la tripa comenzó a crecer hasta el punto en que parecía que le acosaba. Ya era oficial: los estrógenos la habían abandonado. Dejando atrás una juventud que había sido de todo menos eterna, emprendía el largo camino de la menopausia, un infierno del que ni siquiera hoy, diez años después, ha logrado salir.

La normalización de la menstruación

BREVES
Irene Gómez

Hace unos días se difundió como la espuma un video en las redes sociales sobre la entrada al mercado de unas nuevas braguitas que absorben la menstruación. Seguramente, muchos de ustedes habrán visto este video y, probablemente, habrán reaccionado extrañados ante el impacto de este nuevo producto que, según han comprobado sus creadoras, es una alternativa innovadora a una necesidad que ya creíamos satisfecha.

“La gente siempre me va a tratar por lo que he sido: una yonki”

HISTORIAS
Elena Jaso

El consumo de drogas es un hecho que está a la orden del día en nuestra sociedad. El acceso a cualquier tipo de sustancia adictiva es cada vez mayor,  igual que la normalización de esta práctica. Me gustaría hacerles una pregunta: ¿Contratarían a una persona que saben que ha sido un drogadicto? ¡No la respondan todavía!, lean antes esta historia.

“Cuando coges el ‘colocón’ o el puntazo querrías mantenerte así eternamente, se te pasa el tiempo volando, darías marcha atrás al reloj continuamente. Te da miedo que llegue el mañana, la dura realidad, porque ¡es tan bonito estar en medio de este colocón!  Te parece bonito estar así, aunque sea absurdo y asqueroso si lo miras al día siguiente. ¡Qué asquerosamente bien me siento! Me encanta. Lo haría toda la vida. Me gustaría tener siempre tanta vitalidad, tanta seguridad, tanta vida momentáneamente encantadora, aunque me dé cuenta de que todo esto me está matando y volviendo loca. Ahora pido ayuda. Me ha costado darme cuenta de que la necesito, y sé que no puedo conseguirlo sola. ¿Tengo solución? Espero que sí.”

Samanta Villar: “Habría que hacer un ‘21 días’ con Donald Trump, con los Reyes y dentro del PSOE”

MIRADAS

Irene Gómez

Experimentar qué se siente al pasar días entre cartones, sin comer, fumando porros, viviendo en una chabola, rodeada de lujo, en una mina o a ciegas, no es algo que acostumbren a hacer muchas personas. Quizás piense que sólo un lunático o una persona inestable es capaz de involucrarse en estas realidades. Tal vez piense que quien se introduce entre los entresijos de estas realidades es una persona  ‘dicharachera’, en el buen o en el mal sentido de la palabra –nosotras preferimos quedarnos con el bueno-. Ella misma se define como ‘arrojada’ y, ahora, – después de 40 minutos charlando- lo podemos corroborar. Conectamos con ella por Skype y nos dimos cuenta de su realidad. Su autoestima es sólida y quizás eso sea la clave del éxito para el periodismo televisivo vanguardista-periodismo gonzo- que practica y por el que recientemente ha sido premiada con una Antena de Oro, que recogió el pasado sábado 19 de noviembre. Un nuevo premio que se suma a la Antena de Plata, conseguida en 2009, y al premio Ondas, que obtuvo en 2010. Dos programas: ’21 Días’ y ‘Conexión Samanta’. Efectivamente, Samanta Villar se sincera para El Monóculo.

¿Donando vida?

HISTORIAS
Bárbara Gimeno

Hace unos días, mientras me dirigía al encuentro de unas amigas, decidí tomar el tranvía, pues no iba excesivamente bien de tiempo. No sé si será su caso pero, en el mío, el transporte público despierta mi yo más cotilla. No pude evitar, como tantas otras veces, escuchar la conversación de las dos jóvenes que tenía a mi espalda. Las chicas, que no tendrían más de 20 años, debatían sobre un tema que ellas mismas consideraban peliagudo: la donación de óvulos.