“Cuando afrontas, analizas tu vida y recompones el puzzle ya no tienes ganas de jugar”

HISTORIAS, Sin categoría
Bárbara Gimeno

Todavía no he olvidado el impacto que sentí cuando pisé el casino de Barcelona. Luces por todas partes, típicos sonidos de máquinas de azar y ojos que no se despegaban de las pantallas, de las mesas, de las cartas. Ahí el dinero se movía a una velocidad vertiginosa. Y si no, que se lo digan a la señora que echaba billetes de cien en la ruleta como quien le da a su hijo unas monedas para que se compre chucherías. Esa visión de la gente tirando su dinero –y ganando, porque metiendo esa cantidad de dinero algo tienes que ganar- me hizo querer probar suerte. Mi pareja y yo pasamos la noche moviéndonos del blackjack a la ruleta, de la ruleta al poker y del poker de nuevo al blackjack. Cuando dieron casi las dos de la mañana y nuestras pérdidas superaban nuestros ingresos, decidimos que era el momento de marchar. Fuimos con cierta vergüenza a cobrar nuestros 10 euros –tras invertir 40- y el espectáculo que se desarrolló delante de nosotros no se me olvidará jamás: El caballero que nos precedía estaba llevándose nada más y nada menos que diez mil euros en metálico y ni su cara –ni la de su mujer-  mostraban ningún tipo de alegría. ¿Cómo podría ser posible?

Lo pensé mejor y me dije que la pregunta correcta no era esa sino ¿cuánto habría perdido antes de llevarse tal cantidad?

Salimos de ahí todavía embriagados por la adrenalina del juego, y en el camino a casa nos empezamos a plantear la cantidad de dinero que se movía ahí todas las noches. No me extrañó lo más mínimo, tras haber visto todo aquello, que hubiera gente adicta al juego. Adicta a pasarse las noches esperando que le llegue la fortuna, pensando que con veinte euros que inviertas fácilmente puedes llevarte dos mil. La ludopatía es una de las peores adicciones que se puede tener. Lo ha sido siempre y lo está siendo cada vez más, pues los tiempos no ayudan. Vivimos en una sociedad en la que el teléfono móvil y el ordenador copan gran parte de nuestro tiempo. El juego se ha reinventado, han nacido las plataformas online donde con un simple click has introducido tu número de cuenta y has apostado, sin ser consciente de que el dinero se va, aunque tú no lo veas.

Las asociaciones de ayuda contra la adicción al juego están viendo como cada vez son más los jóvenes que acuden en busca de terapia. Es el caso de AZAJER, una entidad aragonesa sin ánimo de lucro nacida en el año ochenta y nueve y que presta servicios de prevención, información y tratamiento. Como me indica su presidenta, Esther Aguado, el tema del juego online está a la orden del día: “Los chicos empiezan muy pronto, cogen la tarjeta de padres, abuelos, quitan dinero y se hacen una cuenta… al fin y al cabo no estás viendo cómo se va el dinero, es muy peligroso”. La ludopatía, como mucha gente puede pensar, no surge de la nada; siempre hay un problema de base, ya sea familiar, amoroso, de autoestima, etc, que acabará desembocando en una adicción, en este caso al juego. “Consideramos que el juego es una patología, pero es un síntoma de que algo en esa persona no funciona y escapa jugando, una forma de evasión como las drogas o el alcohol, indica la presidenta de AZAJER.

 Y ella sabe de lo que habla, puesto que lo sufrió en sus propias carnes. Francesa de nacimiento, esta mujer de 60 años fue adicta al juego, con todo lo m

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Esther Aguado, presidenta de AZAJER. Fuente: aragondigital.com

alo que ello implica. Empezó a jugar cuando tenía 29 años, tras separarse de su marido: “me sentía muy libre. Encontré un trabajo en una tienda nueva, en la inauguración fui a un bingo acompañada de otras personas y me tocó. La suerte del principiante, me imagino. Si no hubiese ganado nada no hubiese vuelto, segurísimo”. Recibió un premio de dos mil pesetas, que por aquel entonces era una gran suma de dinero. A los quince días decidió volver a probar suerte y, de nuevo, cantó bingo: “comencé a ir de vez en cuando y luego más a menudo hasta que salté la barrera. No te das cuenta. Esa es la primera fase, la de las ganancias. Luego, lamentablemente, vienen las pérdidas. Esther tenía una niña pequeña y, al no poder ir al bingo porque debía recogerla del colegio (los bingos en aquellos tiempos abrían a las cinco de la tarde), esperaba el fin de semana con ansias, cuando por fin podía volver a probar suerte. Pronto, su situación se volvió insostenible y se refugió en las tragaperras porque no era capaz de esperar cinco días para jugar de nuevo: “Era patológico, impulsivo total. Muchas veces me tocaba en una máquina y lo metía en la de al lado. Llevaba una doble vida total y absoluta. Esther había vendido un piso y depositado el dinero en el banco a plazo fijo. Ese dinero fue reduciéndose hasta desaparecer, cuando comenzó a pedir préstamos. Entonces, tras seis años jugando, se descubrió su secreto: “Mi madre me decía que tenía que ir al psiquiatra; entonces no se oía de asociaciones ni se oía de nada… pero vamos, yo no estaba loca, no aceptaba mi problema. Un buen día  explotó la cosa, llamó a mi ex marido y me fui de casa. Estuve una semana fuera,  jugando, por supuesto, y ya volví. Volví por mi hija”.

En su día, Esther acudió a AZAJER, asociación que en la actualidad ella misma dirige y en la que presta sus servicios como terapeuta. Aunque los problemas de fondo siguen siendo parecidos, el tipo de juego ha cambiado. Las tragaperras y los bingos han dado paso a las ruletas de los salones recreativos y a las apuestas deportivas. No es de extrañar encontrar menores de edad a las puertas de los salones de apuestas dándoles dinero a mayores para que jueguen suerte por ellos. El formato online está también cobrando protagonismo, y es que cuanto más rápido es el juego, más engancha. Uno de los problemas que tenemos en España es que el juego online se puede publicitar de manera legal, lo que hace mucho daño a la juventud. Se valen de figuras de importancia, como Cristiano Ronaldo o Neymar, que animan a los jóvenes a jugar al poker. Pero es que hace cinco años las camisetas del Real Madrid llevaban publicidad de Bwin (algo que está prohibido) alegando que sus camisetas no se vendían a menores. Aunque no lo parezca, todo esto incita al juego de manera inconsciente y ahora, con el auge de las nuevas tecnologías, jugar es más fácil que nunca. Un juego como Candy Crush puede causar estragos monetarios si introduces tu número de cuenta y te enganchas de verdad.

AZAJER ha notado que en el último año el número de jóvenes que acuden buscando ayuda se ha incrementado notablemente, pero ahora los padres se dan cuenta del problema mucho antes. “Los jóvenes responden bien al principio, la mayoría llevan mucho problema de drogas detrás, sobre todo cocaína y speed. Si dejas el juego pero no la otra sustancia, refuerzas esa sustancia. Hay muchos padres que no lo quieren ver. El problema hoy es que no hay diálogo… ahora todo el mundo está absorbido con las tecnologías, y ya no hay comunicación como antes”.

El tratamiento comienza con una entrevista personal, para intentar ver el problema de base. El segundo paso es establecer unas normas de obligado cumplimiento: una abstinencia total, como en cualquier adicción, y autoprohibición de entrada a bingos, casinos y salones de juego. Este punto es un poco complicado ya que, aunque se cumplimentan unos papeles a nivel nacional,  la ley en cuanto a los salones de juego cambia según la comunidad autónoma, por lo que quizá tienes la entrada prohibida en Aragón pero no en Castilla. Otro punto importante es la mancomunación de las cuentas: durante un año el paciente no puede tener acceso al dinero porque es la base principal del juego.  En AZAJER llevan a cabo la terapia en grupos divididos por edades: jóvenes, mediana edad y de cincuenta y cinco a sesenta y cinco años, además de hacer terapia de padres y parejas. Cuentan para ello con una psicóloga, una terapeuta, un médico y una trabajadora social. El proceso de recuperación es largo, puesto que el mono de jugar no viene inmediatamente como el del alcohol o el tabaco, sino que aparece a los seis meses. “Te choca muchas veces cuando ves gente con 35 años que se han gastado un millón de euros, que han pedido préstamos…-indica Esther- y luego gente que ha hurtado, robado, que ha deshecho su familias, que ha abandonado el programa… lamentablemente, yo he visto muchos abandonos”. Se considera que una persona está rehabilitada en año y medio, pero nunca curada puesto que, desgraciadamente, en el momento que vuelves a probar suerte, te encuentras de nuevo en la espiral del juego.

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Papeles para la autoprohibición de entrada en casinos. A la izquierda, documento a nivel nacional y a la derecha autonómico (Aragón)

La ludopatía es una adicción tan seria como cualquier otra. Puede acabar con una familia, puede hundir a la persona en un agujero negro de derroche y deudas del que sea incapaz de salir. La terapia que se lleva a cabo en esta y muchas otras asociaciones pretende ahondar en los sentimientos del individuo, es un proceso de recuperación personal, donde se analiza la vida de la persona para comprender por qué, cómo y de qué manera. Detrás de toda adicción algo pasa: “cuando afrontas y analizas tu vida –confiesa Esther- y recompones el puzzle, cuando te das verdadera cuenta de las cosas, de lo que has hecho mal y lo que podrías haber cambiado, ya no tienes ganas de jugar”.

*La imagen de la portada pertenece a http://www.psicologiaymente.net

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