“Cuando afrontas, analizas tu vida y recompones el puzzle ya no tienes ganas de jugar”

HISTORIAS, Sin categoría
Bárbara Gimeno

Todavía no he olvidado el impacto que sentí cuando pisé el casino de Barcelona. Luces por todas partes, típicos sonidos de máquinas de azar y ojos que no se despegaban de las pantallas, de las mesas, de las cartas. Ahí el dinero se movía a una velocidad vertiginosa. Y si no, que se lo digan a la señora que echaba billetes de cien en la ruleta como quien le da a su hijo unas monedas para que se compre chucherías. Esa visión de la gente tirando su dinero –y ganando, porque metiendo esa cantidad de dinero algo tienes que ganar- me hizo querer probar suerte. Mi pareja y yo pasamos la noche moviéndonos del blackjack a la ruleta, de la ruleta al poker y del poker de nuevo al blackjack. Cuando dieron casi las dos de la mañana y nuestras pérdidas superaban nuestros ingresos, decidimos que era el momento de marchar. Fuimos con cierta vergüenza a cobrar nuestros 10 euros –tras invertir 40- y el espectáculo que se desarrolló delante de nosotros no se me olvidará jamás: El caballero que nos precedía estaba llevándose nada más y nada menos que diez mil euros en metálico y ni su cara –ni la de su mujer-  mostraban ningún tipo de alegría. ¿Cómo podría ser posible?

Lo pensé mejor y me dije que la pregunta correcta no era esa sino ¿cuánto habría perdido antes de llevarse tal cantidad?

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¿Qué madre es mejor?

BREVES
Bárbara Gimeno

Todavía no he sido madre (y espero que aún me queden unos años, cosa que espera mi pareja también), pero quiero serlo algún día. Es un tema que me transmite tanta ternura, tanta felicidad que cuando me dicen que hay mujeres que no quieren serlo o que, una vez lo han sido, pasan unos meses terribles, me parece difícil de creer. Hace poco, caminando por la planta infantil de Primark, me entró la vena maternal –entre zapatillas tamaño bebé y vestidos de mamá Noel talla 4-  y le empecé a dar vueltas al tema. La depresión posparto se llama. ¿Cómo funciona? ¿Podría, a pesar de mis tremendas ganas de ser madre, afectarme cuando me toque?

Prohibido pensar en las aulas

BREVES
Lucía Hernández

Entre pesados libros de Anaya, interminables clases soñando con el bocadillo del recreo y exámenes con más trampas que presuntamente la declaración de la renta de Jorge Mendes, ha nacido un nuevo tabú: el de pensar. A jugar con la pelota en el aula o copiarse de los deberes del compañero se suma, de esta forma, una nueva prohibición, que llega con la ley educativa que se cierne sobre las cabezas pensantes de esos adultos potenciales que algún día serán como usted y como yo.  Desde su atalaya de cartón, los políticos -da igual el partido- han acordado castigar, como se castigó a la Música y a la Plástica en su día, a la Filosofía, cuyo estatus han relegado en segundo de bachillerato a la categoría de materia optativa.

La menopausia: el camino a la locura

HISTORIAS
Lucía Hernández

Cuando Menchu –nombre ficticio- cumplió cincuenta y dos años, se dio cuenta de que entre la vida y ella se elevaba un muro infranqueable: la vejez. De la noche a la mañana, su cuerpo -como el de tantas otras- empezó a cambiar, y se fue convirtiendo en una ajada sombra de lo que tiempo atrás había sido. Sin previo aviso, la menstruación se despidió de ella, los pechos precipitaron su inexorable caída y la tripa comenzó a crecer hasta el punto en que parecía que le acosaba. Ya era oficial: los estrógenos la habían abandonado. Dejando atrás una juventud que había sido de todo menos eterna, emprendía el largo camino de la menopausia, un infierno del que ni siquiera hoy, diez años después, ha logrado salir.