Samanta Villar: “Habría que hacer un ‘21 días’ con Donald Trump, con los Reyes y dentro del PSOE”

MIRADAS

Irene Gómez

Experimentar qué se siente al pasar días entre cartones, sin comer, fumando porros, viviendo en una chabola, rodeada de lujo, en una mina o a ciegas, no es algo que acostumbren a hacer muchas personas. Quizás piense que sólo un lunático o una persona inestable es capaz de involucrarse en estas realidades. Tal vez piense que quien se introduce entre los entresijos de estas realidades es una persona  ‘dicharachera’, en el buen o en el mal sentido de la palabra –nosotras preferimos quedarnos con el bueno-. Ella misma se define como ‘arrojada’ y, ahora, – después de 40 minutos charlando- lo podemos corroborar. Conectamos con ella por Skype y nos dimos cuenta de su realidad. Su autoestima es sólida y quizás eso sea la clave del éxito para el periodismo televisivo vanguardista-periodismo gonzo- que practica y por el que recientemente ha sido premiada con una Antena de Oro, que recogió el pasado sábado 19 de noviembre. Un nuevo premio que se suma a la Antena de Plata, conseguida en 2009, y al premio Ondas, que obtuvo en 2010. Dos programas: ’21 Días’ y ‘Conexión Samanta’. Efectivamente, Samanta Villar se sincera para El Monóculo.

antenadeoro

Instagram: @samantavillar

 

¿Cómo se gestó el programa ‘21 Días’?, ¿fue algo que pensaste tú o te lo ofrecieron?

Es un programa que ideó el director del programa, David Miralles, y la directora general de la productora BocaBoca, a raíz de la experiencia de ‘Super size me’ que es un documental de Morgan Spurlock en el que se pasa 30 días comiendo hamburguesas para demostrar lo malo que es abusar de ese tipo de comida.  Se dan cuenta de que se puede hacer lo mismo en un formato televisivo y, en lugar de 30 días, acaban siendo 21.

Tanto en ‘21 días’ como en ‘Conexión Samanta’ habéis tratado temas de índole sexual, gente con hábitos extraños, como por ejemplo el de los bebés reborn[4], con enfermedades desconocidas, ¿cuál ha sido el que más te ha impactado?

En todos los reportajes hay un momento en el que comprendo por qué la gente hace lo que hace, que no lo compartes, pero acabas entendiendo, por ejemplo, por qué una chica se convierte en anoréxica. Acabas comprendiendo que hay un trasfondo como la falta de autoestima o cuestiones genéticas, siempre hay una serie de razones. En el caso de los bebés adultos[5] fue la primera vez que dije: ‘no acabo de entender cuál es la ventaja, el atractivo o el mecanismo por el que esto sucede’.

En todos los trabajos te tienes que involucrar bastante, recuerdo ese que era ‘Buscando a Samanta’, que te metiste en el sudario y a mí me resultó bastante impactante, ¿cómo consigues implicarte a ese nivel?

Yo creo que es una cuestión de curiosidad, ¿no? A mí cuando me plantean ‘21 Días’, lo primero que digo es que me encantaría hacer ese programa porque me encantaría saber qué se siente si tienes que dormir en la calle, si estás sin comer o si estás ciega. Creo que es una curiosidad personal. Quiero entender por qué las cosas  ocurren. Yo me acuerdo de que hubo un momento, cuando me planteaba si aceptaba o no ‘21 días’, que la pregunta clave que me hice fue: ¿si no fuera por la cuestión del dinero lo harías? La respuesta fue sí. Entonces, había que hacerlo.

Nosotras estamos haciendo una publicación digital sobre temas que consideramos tabú[6] como la donación de óvulos, la eutanasia, la reinserción laboral de personas exdrogadictas. Sobre todos estos temas existen unos estereotipos, ¿crees que estos estereotipos se corresponden con la realidad o son totalmente diferentes?

Es verdad que en todos los temas tabú, al faltar información, es donde más espacio hay para el prejuicio y el estereotipo porque la gente no tiene la visión real de la realidad. Pasa mucho, por ejemplo, en la prostitución. La gente tiene una imagen de la prostitución que solamente se corresponde a la trata porque es lo que les llega a través de los medios de comunicación y nadie tiene el conocimiento de la realidad de la prostitución voluntaria. Todo el mundo se imagina que una prostituta es una mujer subyugada con un proxeneta, una víctima, medio-viciosa o drogadicta, es decir, con una serie de estereotipos que yo creo que lo que los genera es la desinformación.

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Libro de Samanta Villar sobre la realidad de la prostitución

Entonces, podríamos decir que los medios no reflejan bien estos temas.

Creo que hay poco espacio para informar sobre estos temas. Por un lado, los propios periodistas tienen la sensación de que ya se ha informado lo suficiente sobre determinados temas, entonces, no continúan indagando y ahí se dejan esa realidad. Pero, por otro lado, también hay realidades políticamente incorrectas que a muchos medios no les interesa tocar porque son controvertidas como la prostitución o todo lo relacionado con temas de sexualidad, de la mujer y de minorías. Son terrenos pantanosos. Hay muchos medios que prefieren cubrir temas más amables y no tener que mojarse en otros temas.

¿Crees que los políticos desatienden a los protagonistas de estas historias?

Igual que los medios, los gobiernos tienen pocos deseos de involucrarse en temas que sean polémicos porque eso tiene implicaciones con tu electorado, son impopulares y, a veces, les puede pasar factura. Efectivamente, hay colectivos que quedan apartados por esa razón, además, suelen ser colectivos vulnerables que tienen poca voz.

En los distintos programas que habéis hecho aparte de contar una realidad tratáis con personas y sus historias, ¿qué historia te ha llamado más la atención? ¿Alguna persona en concreto?

Tuve un conflicto emocional en el programa de ‘Conexión Samanta’ sobre los pandilleros porque nuestro protagonista era un expandillero que estaba en un proceso de rehabilitación para empezar una nueva vida. Su historia era dramática porque es un niño abandonado en la calle a los 9 años y es su hermana la que le acoge. En ese contexto, entiendes por qué una persona empieza a asesinar. Pero yo me acuerdo de que hubo un momento en el que me quedé muy impactada porque tampoco le conocía muy bien y yo pensaba: ‘este chico es un asesino, ¿estás sintiendo lo correcto, o sea, te está cayendo bien un chico que es un asesino?’. Fue otra lección de vida. Efectivamente, a ti te puede gustar una persona abominable en sus actos porque el momento vital en el que la encuentras es otro, porque empiezas a comprender cuales han sido las circunstancias y las causas de lo que hace, pero, de nuevo, esa es una realidad muy controvertida. Incluso a mí me costaba entenderlo, pero, luego, me di cuenta de que así es la vida.

web

La periodista Samanta Villar

¿Alguna vez has querido tratar algún tema en ’21 Días’ o en ‘Conexión Samanta’ y el medio o la cadena no te ha dejado o te ha coartado de alguna manera?

Hemos tenido divergencias a la hora de abordar algunos temas y entonces no los hemos abordado. Sobre todo en cuestiones de drogas, donde hay un discurso institucional imperante que es ‘Drogas no, son malísimas’. Yo pretendía hacer una lectura periodística algo diferente ya que si la gente toma drogas es que algo de eso les gusta y habrá que explicar cuáles son esas cosas que son amables o, por lo menos, atractivas para la gente. Pero esa lectura no te la encontrarás en ningún medio, para mí es un discurso inmaduro, infantil e inútil.

Siguiendo esta línea, ¿Alguna vez has querido involucrarte, pero has tenido que parar por la presión social o por tus propios valores?

En el programa ’21 Días en la prostitución’ mi línea roja era prostituirme. No me iba a prostituir y, por lo tanto, no podía involucrarme tanto. Todos tenemos ese prejuicio, ‘eso es algo que está prohibido’, pensamos. Muchas prostitutas tienen una vida envidiable y les encanta ese trabajo. ¿Por qué si yo conozco esa realidad lo primero que me nace es ‘no, no, yo no me voy a prostituir’? Bueno, eso es el peso del estigma de la prostitución. ¿De dónde viene esa claridad? Viene del control social, del estereotipo, de los cánones que están establecidos, sobre lo que debe ser y lo que no, y en los que no somos libres. Ese fue el caso que dije: ‘pues no, no me prostituyo’.

¿Tu entorno alguna vez se ha mostrado contrario a lo que haces o se ha visto afectado de alguna manera?

No, mi entorno al contrario. Mi familia es como yo, a mí marido le parece estupendo y siempre conocen los entresijos, saben que trabajamos con seguridad. Les parece admirable.

¿Te arrepientes de algo que has hecho en alguno de tus programas a lo largo de toda tu trayectoria profesional?

No estoy nada contenta con el resultado del ’21 Días fumando porros’ porque ahí hubo mucha censura por parte de la cadena: salió un reportaje amputado y sesgado. Ahí fue cuando yo aprendí la lección de que ninguna cadena de televisión quiere arriesgarse y decir: ‘¡oye, pues mira!, resulta que fumar porros hace mucha gracia y por eso la gente los fuma.’ Decidí que si no puedo trabajar con libertad, renuncio a hacer temas de drogas hasta que encuentre un sitio donde pueda hablar de las drogas tal cual son porque esa es mi función como periodista.

¿Qué hiciste de lo que no salió en el programa?

Había varias secuencias. Las risas que provoca el cannabis se ocultaron. También me hacían unas pruebas psicológicas que yo bajo el influjo del cannabis las saqué adelante sin problemas. Entonces había toda una lectura de: ‘bueno, no es tan terrible al final, ¿no?’

O sea que por parte del medio lo que se vendió al final es que las drogas eran malas y tu experiencia en esos 21 días es que realmente tampoco son tan negativas y que podría contemplarse una legalización, ¿no?

Eso es, pero no nos permitieron dar la lectura real como era. Con lo cual…

¿Cómo te valora la gente a partir de tu trabajo?

Cuando tú estás expuesto públicamente hay de todo y cuanto más éxito tienes y más proyección más polarizada está la reacción de la gente. Si tienes poca audiencia, la reacción de la gente es más tranquila y serena. Pero cuando tienes mucha audiencia -y más en una personalidad fuerte como la mía- se da una reacción extrema: o te adoran, o te odian. Me di cuenta en ’21 días’. Hay gente que me adora, que tiene mucho interés en conocerme, y, también, hay gente que me considera una petarda.

¿Nunca has tenido algún problema con algún fan?

Solo una vez, hubo una chica que pasó y me dijo: ‘qué asco que me das’. En 8 o 9 años que llevamos no me parece significativo.

¿Tus compañeros de profesión cómo crees que ven el tipo de periodismo que haces?

Depende de qué compañeros. Se dan los dos polos. Los que consideran que esto es deleznable, que el periodista no tiene que ser protagonista y que hay que tener cuidado con el egocentrismo y, por otro lado, nos han concedido el Ondas, la Antena de Plata y la Antena de Oro –que recogió este pasado sábado-. Están los dos extremos. Hay siempre una reacción polémica, pero estoy segura de que dentro de 30 años será de chiste esa polémica.

¿Actualmente harías un ’21 Días con Donald Trump’?

¡Uf!, sí, por supuesto. Habría que hacer un ‘21 días’ con Donald Trump, con los Reyes y dentro del PSOE. Habría que hacer un ’21 Días’ en muchas realidades que estaría muy bien conocerlas de verdad.

¿Qué crees que piensan de ti las personas en cuyo lugar se supone que te pones?

Aquellos con los que rodamos están encantados salvo las chicas que sufren anorexia que me dijeron: ‘tú nunca vas a saber lo que es la anorexia’. Entonces me di cuenta de que el objetivo del programa lo habían entendido mal porque yo lo que iba a experimentar es lo que hace el ayuno, con la reducción de la ingesta en sí era suficiente. También, las chicas que tienen trastornos alimenticios son muy particulares porque la enfermedad les da una identidad. Por ejemplo, los ciegos lo entendieron a la primera y nunca me dijeron ‘tú no vas a saber lo que es ser ciego’, porque entendieron que era una aproximación. En general, los colectivos con los que rodamos están encantados porque el programa les da la oportunidad de estar en primer plano mediático y, muchas veces, lo necesitan.

Ahora que has hablado de la anorexia, ¿cuándo hiciste ese programa llegaste a descubrir problemas de autoestima?, ya que se dice que la gente que tiene este trastorno es, generalmente, por problemas de autoestima.

Es que eso tiene mucho de realidad. La anorexia funciona como cualquier otro tipo de adicción y las adicciones suelen tener un componente de falta de autoestima y, sí, funciona exactamente así. Encuentran en la alimentación una parcela que pueden controlar y esto les da estabilidad porque de repente algo de su vida está en sus manos y todo lo demás les hace sentirse inestables e inseguras. Pero esto no es un estereotipo, hablas con cualquier médico y siempre hay un denominador común de falta de autoestima en cualquier adicción. Por eso yo me quedé muy tranquila cuando lo descubrí. ‘Yo nunca me voy a enganchar a nada’, pensé.

Porque no tienes falta de autoestima…

Puedo hacer lo que me digan 21 días fumando porros, 21 días metiéndome rayas. El problema no va a ser que yo me enganche, el problema va a ser la sobredosis…

¿Alguna vez has temido por tu vida o por tu salud mental?

No, siempre les hemos consultado a los médicos. 21 días a ciegas, ‘¿qué me puede pasar?’ Nada, igual estás medio día viendo un poco raro, chiribitas, pero no te va a pasar nada. 21 dias sin comer, ‘¿qué me va a pasar?’ Nada, como mucho adelgazarás. Siempre hemos preguntado todo esto. Luego, además, a medida que he ido conociendo todas estas realidades la gente me decía: ‘oye, pero no te da miedo engancharte a los porros’. Y yo digo: ‘por qué yo no me he enganchado a nada’. Me he dado cuenta de que tengo una salud y una estabilidad mental, tengo bien la autoestima, tengo mi vida bajo control, entonces eso favorece a que no te enganches a nada. Esto me ha dado todavía más seguridad para lo que tenga que venir. También hay que respetar mucho los límites propios. Mientras respetes lo que tú quieres y lo que tú necesitas te encontrarás bien. También es verdad que yo soy muy arrojada y hay cosas que quiero vivir, que quiero verlas con mis propios ojos aunque sean realidades difíciles, dramáticas, duras o peligrosas. Yo quiero estar ahí, me apasiona este trabajo. Entonces, pues tiramos hacia adelante y ya está.

Antes has dicho que llegaste a entender un poco lo que hacía el pandillero, pero, ¿alguna vez has tratado algún tema y no has entendido nada de por qué se comportan así esas personas?

Lo de los bebés adultos era lo que más me costó entender. En todo lo demás siempre ha habido un punto en el que entiendo qué es lo que les engancha. Con los trastornos alimentarios yo decía: ‘¿pero qué será?, ¿la moda?’ Y no tiene nada que ver con eso, tiene que ver con el control de tu propia vida y con ser feliz. Dejan de comer de esa manera extrema porque es un enganche que les reporta estabilidad emocional. Comprendí que a mí nunca me iba a pasar porque no me reporta eso ya que me lo dan otras parcelas de mi vida. Entiendo por qué Giovanni se convirtió en asesino, desde luego, no lo compartes, pero te das cuenta de cuáles han sido las razones y la realidad que le ha llevado allí. Lo de los bebés fue lo que dije: ‘¿pero y esto?’. Además, cuando llegué al rodaje pensé: ‘seguro que llego allí y cuando me pongan el pañal pienso es que esto para ir a un concierto es maravilloso, no me tengo que estar preocupando por ir el baño, te orinas encima estas la mar de tranquila y ya está’. Pero no es el caso porque te quedas mojada, estás húmeda, te quedas fría… Esa fue la realidad y no le veo ninguna ventaja.

El caso de los bebés reborn fue uno que le chocó mucho a la gente…

Acabé entendiendo que, por ejemplo, hay gente que los colecciona. Pero, luego, hay otras realidades como duelos mal cerrados que te das cuenta de lo que le está pasando y que utilizan el muñeco para revivir unas situaciones a las que no quieren decir adiós. Entiendo lo que ocurre, a mí me parece que no es sano, pero acabo comprendiendo el problema de fondo.

21diasfumandoporros

Imagen del ’21 días fumando porros’

 

¿Crees que con alguno de tus programas has superado los límites morales por la manera de involucrarte o de tratar algún tema?

Yo creo que en el tema de los porros sí. Estuvo totalmente sesgado y tenían toda la razón. Me sentí manipulada y no me gustó nada. En otras realidades sí que hay gente que nos ha dicho yo no me siento reflejado con esto, pero nosotros contamos una realidad y no siempre el relato coincide con lo que tú quieres que salga en la televisión ya que somos nosotros los profesionales y, a veces, las cosas se tienen que contar de una determinada manera que no te gusta. Si yo digo que el parto Lotus[7] es la forma más extrema de dar a luz, hay gente que te dice ‘es que extremo suena a que somos raros’. Pero es que en el contexto del día a día, que no quieras cortar el cordón umbilical y que se quede colgando durante una semana lo es. Que tú no quieras que se le denomine extremo yo lo entiendo, pero para que mi espectador lo comprenda le tengo que llamar extremo. Entonces, siempre hay gente a la que no le van a gustar las cosas cómo tú las cuentas, pero la realidad la ve y la analiza el periodista. Hay que hacer entender que la vida no es ni como ellos la ven, ni como la ve exactamente el periodista, pero si tú mantienes tu honestidad con lo que tú has visto, moralmente estás salvaguardado, no tienes que dar más explicaciones.

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