¿Donando vida?

HISTORIAS
Bárbara Gimeno

Hace unos días, mientras me dirigía al encuentro de unas amigas, decidí tomar el tranvía, pues no iba excesivamente bien de tiempo. No sé si será su caso pero, en el mío, el transporte público despierta mi yo más cotilla. No pude evitar, como tantas otras veces, escuchar la conversación de las dos jóvenes que tenía a mi espalda. Las chicas, que no tendrían más de 20 años, debatían sobre un tema que ellas mismas consideraban peliagudo: la donación de óvulos.

-“El otro día una amiga de mi prima fue a donar óvulos y le dieron 1000 eurazos, menudo chollo, tía, me lo estoy pensando porque no me vendría nada mal.”

-“Pero… ¿no te da cosa? Luego es como si tuvieras hijos esparcidos por ahí… y encima te tienen que pinchar. Eso algo de peligroso tiene que tener. No sé, a mí no me convence.”

-“No sé, no sé… a ver, eso de los hijos me da un poco de mal rollo, pero es que es tanto dinero…”

A partir de este pequeño fragmento -que fue todo lo que mis oídos llegaron a captar- empecé a cuestionarme ciertas cosas: ¿Es realmente peligroso el tema de la donación de óvulos? ¿Te dan tal cantidad de dinero? ¿Qué pasa luego con esos óvulos? ¿Hay gente que pueda pensar que las donantes hacen algo indebido?

Navegando por Youtube, me topé con un vídeo de una chica en el que explicaba su experiencia como donante. Su historia me llamó especialmente la atención, pues ha donado nada más y nada menos que 4 veces y contacté con ella para que me lo explicara un poco mejor. Se llama Susana Ramírez, es fotógrafa, instagramer, youtuber, y comenzó a donar gracias a su mejor amiga: “La primera vez fui por dinero, no voy a mentir. Pero en la clínica, comencé a ver parejas que esperaban ilusionados saber si estaban embarazados. Me di cuenta entonces de que me sentía orgullosa de hacer realidad su sueño, y encima cobrando”. Y es que en España las donantes obtienen entre 900 y 1100 euros dependiendo de la clínica.

Sin embargo, hay que decir que no todo el mundo puede ser donante. Además de tener entre 18 y 35 años (30 en algunos centros), tienes que pasar una serie de análisis, ecografías, citologías y estudios genéticos que demuestren, por supuesto, que estás sana y libre de ciertas enfermedades de riesgo. Como me explicó el doctor José Antonio Duque, de la zaragozana clínica Gobest, mujeres que padezcan diabetes o asma no pueden donar. Una vez que has pasado todas las pruebas, comienza el proceso de preparación para el día de la ‘punción’, cuando se extraerán los óvulos. Y, ¿en qué consiste el proceso? (duda principal de cualquiera que se plantee una donación). Este proceso suele durar unas dos semanas y media. Durante la primera semana la donante se tiene que inyectar diariamente en la tripa un medicamento  -hormonas- que estimula los ovarios para que los ovocitos[1] crezcan, produciendo más óvulos.

“Cada ciclo, la mujer madura un solo óvulo, alternando entre un ovario y otro. Cuando donas, se extraen 10 óvulos aproximadamente de cada uno“, aclara el Doctor. La siguiente semana los pinchazos pasan a ser dos, esta vez de un medicamento que lo que hace es inhibir la señal que el cerebro manda para que los óvulos sean expulsados al haber madurado. Exactamente 48 horas antes de la punción, se pone una última inyección que despega los óvulos de las paredes ováricas para que puedan ser extraídos con facilidad. A los dos días, se produce la extracción, por medio de una punción ovárica –una aguja conectada a un sistema de succión extrae los óvulos del folículo- durante la que la paciente está totalmente anestesiada.

 A simple vista parece, sin duda, un proceso engorroso aunque médicamente muy controlado, pero ¿puede realmente haber complicaciones? En el caso de Susana, en ninguna de sus cuatro donaciones ha tenido problemas más allá de leves dolores “Puedes sentir pesadez, hinchazón, ese típico dolor que sientes cuando te va a venir la regla. El día de la punción es el peor, sientes sueño, pinchazos… pero complicaciones graves, no he tenido. Aunque a Susana le haya corrido esa suerte, puede haberlas. El doctor Duque –quien lleva dedicándose a temas de fertilidad y reproducción más de 25 años- hace hincapié en ellas durante nuestra charla: “cuando uno hace una punción puede introducir algún germen provocando una infección. Además puedes pinchar un vaso y producirse una hemorragia interna importante, aunque esto ocurre solo en el 1% de las mujeres”.

Como todas las cosas en este mundo, la donación de óvulos tiene detractores en mayor y menor medida. Estos detractores son los culpables de que muchas veces se trate de un tema tabú. Me refiero, por ejemplo, a la gente que –por creencias religiosas- considera que el uso de estos óvulos donados para tener hijos probeta es una aberración y fundamentan su tesis en lo siguiente: como todos -presupongo -sabemos, los óvulos son células capaces de transmitir la identidad biológica del sujeto que transportan al hijo, conformando su identidad personal. De este modo, a través de una fecundación en la que otra mujer desarrolla ese óvulo en su interior, se priva a los hijos de ser concebidos dentro de un matrimonio estable –el hecho de que parejas homosexuales o madres solteras puedan ser beneficiarias de esos óvulo es para este grupo de personas deleznable- y de conocer y ser educados por su verdadera madre.

Sin embargo, este concepto, el de “hijos a los que nunca conocerás “es la preocupación principal de muchas mujeres que se debaten entre donar o no (recordemos la conversación inicial), aunque de forma mucho menos agresiva que en el argumento anterior. “Yo tengo claro que lo que doy de mi es una célula la cual una mujer y su marido se encargan de desarrollar y lograr que esa cosita se convierta en un niño, pero no es mi hijo, solo una parte de ADN para que una mujer pueda cumplir sus sueños”, se defiende Susana.

Si finalmente una se decide a donar, ha de ser consciente de que deberá extremar las precauciones a la hora de mantener relaciones sexuales (debido al aumento de la fertilidad podrías tener un embarazo múltiple) y que no puedes donar un número ilimitado de veces, el máximo recomendado es de cuatro o cinco donaciones a lo largo de la vida. Hay que tener en cuenta que la mujer se somete a una intervención que, como dice Susana, “no es moco de pavo”. El límite es más por salud, por riesgo, que por el número de óvulos que se extraen: “Pensemosexplica el doctor Duque- que una mujer con dos ovarios normales va a producir 400.000 óvulos en total, de esos solo va a utilizar 400, el 1%, por lo que donar 100, es una nimiedad”. Y es que más gasta el varón con cada una de sus eyaculaciones, donde expulsa 1 millón de espermatozoides, cuando solo se necesita uno para la fecundación.

Aquí veo necesario hacer un paréntesis porque este es otro asunto, el de la donación de esperma. Mucho más conocida que la donación de óvulos, quizá porque el hombre no debe someterse a una intervención para donar, sino simplemente estimularse para concentrar a los soldaditos en un bote. Sin embargo  (y como curiosidad) diré que es una práctica que hoy en día se está convirtiendo en negocio, pues cada vez son más las páginas web que venden esperma de forma online para que cualquier mujer pueda –atención- fecundarse desde casa. Es el caso de la empresa Cyros, un banco de esperma internacional que vende tanto a empresas como a particulares y que permite –cosa que en las clínicas españolas está más que prohibido- elegir a tu donante a través de un cuestionario donde se detalla desde su color de pelo, hasta su estatura o incluso la posibilidad de escuchar su letra. Vamos, como quien se configura un Audi antes de comprárselo para asegurarse de que queda espléndido.

Pero, claro, no todo el mundo vende su esperma a estos bancos, ni todo el mundo decide fecundarse de manera casera. Lógicamente, las mismas clínicas encargadas de la extracción de óvulos son también bancos de esperma y encargadas de realizar fecundaciones. Cerrando este paréntesis, lo primero que hay que hacer antes de donar, ya sea esperma o ya sean óvulos, es acudir a una clínica de confianza. Susana me cuenta que ella necesita un centro (la última vez acudió a Eudona en Barcelona) donde se le ofrezca la máxima transparencia e información. “También es importante el trato amable y cuidadoso contigo, ya que en los momentos de donación, necesitas a gente cercana y afectiva”. Cada mujer debe tomar la decisión de manera individual, pensando en lo que verdaderamente le mueve –o le frena- a ello, sin importar el qué dirán, sintiéndose libre y por supuesto, estando bien informada. Como bien dice Susana, “quien quiere donar, lo tiene claro y si no lo tienes claro… No dones, no pasa nada, es algo que tiene que salir de ti, no hacerlo para sentirte mejor, sino porque nace de ti querer hacerlo”.

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